lunes, 7 de febrero de 2022

pum

Yo antes escribía
Y hablaba de ti y de mi, de mi y de él, de ella y de un nosotrxs, de vosotrxs.
A veces de ellxs
Ya no sé quiénes son, o qué huella han dejado. Cuándo se han ido. Quizá es que no han dado un portazo. Quizá no han cerrado, pero creo que no pretenden volver, solo dejar la puerta abierta para que a mí me llegue la corriente, aunque quizá no quieran que pase frío

domingo, 13 de junio de 2021

más reflejos

Y en mi mente me he vuelto a mirar en ese espejo. Donde mis ojos quedan a la altura a la que hoy se encuentra mi pecho, y vive atrincherado el rocío. 

Todavía noto que resuenan las preguntas para las que aún no tengo respuesta, con los pies inalterablemente fríos, con la voluntad inquebrantablemente tensa. 

Me acaricio el pelo en un reflejo dormido, lleno mis mejillas de muestras de cariño por si en algún momento se le ocurre a ese yo, tan frágil, tan pequeño, flaquear

Que aquí estoy yo. "Pero no estás"

Y me faltan otras manos que besar cuando ya he besado todas las mejillas. Y me falta una caricia que recibir cuando ya todos visten esta despedida de 'ojalás'

martes, 31 de marzo de 2020

Hijas

Me imagino tres mujeres bailando, desde arriba, una vista de pájaro. Generan círculos en los cuales una de ellas, la misma, acaba siendo siempre, de una forma u otra, el epicentro. Como si ella fuese el motor de todo lo que ocurre, la protagonista. O el punto rojo de la diana, sin saberlo. 
Las tres mujeres visten de blanco, vaporosas. Conceden libertad a sus bailes, parece que fuesen hijas del viento. No lo sé. No lo sabemos. Al igual que desconocemos si es éste mismo el que ayuda a mover su pelo o es únicamente el resultado de sus movimientos. Pero hay algo de verdad clara que encontramos en ese parecer. Puede resultar obvio que no del viento, pero las tres son hijas. 
Quizá de su pasado. Quizá de sus madres. Quizá de sus ideales. Quizá sean hijas de sus miedos. Quizá sean hijas de ese mismo movimiento. Pero hijas.
Las tres. En este mismo momento.
Supongo que mientras las observo sigo parpadeando, aunque no tengo la sensación de haberme perdido siquiera cincuenta milésimas de segundo de lo que está pasando. Es como si empezasen a tatuarse en mis pupilas y las dejase todo el iris de margen para seguir jugando. 
¿Acaso existe un mundo aparte de ese fondo rojo en el que bailan sin cansarse? 
Mis párpados amenazan con no volver a cerrarse nunca. Y menos ahora que acecha en mi la duda de si hay algo que me estoy perdiendo. 
Y es cierto. 
Cada movimiento que hacen sobre sí mismas, como si fuesen bailarinas encerradas por gusto en una caja de música, acaba en un suave contacto con la punta de los dedos buscando siempre otras manos. Podría deducirse que las de las otras.
¿Será por eso que el movimiento no cesa?
¿Que se sujetan?
Abandono todas mis fuerzas en ese pensamiento. Me imagino que he perdido completamente la noción del tiempo.
Pero entonces la imagen pierde todo su equilibrio cuando el centro de ésta se desvanece bajo los pies de la protagonista. Y abandona toda clase de movimientos armónicos a cambio de una mirada desesperada. Se halla de rodillas. 
No sabría decir si suplicante. No me atrevería a considerarla rendida.
Sus manos podrían traducirse, en un principio, como una señal de auxilio. ¿Pide ayuda?
No.
Juraría que sus manos hacen ligeros movimientos de despedida. A ambas mujeres, que la miran. A ambas mujeres que ahora se sienten presas de su baile, ya no saben en torno a qué giran. Las imagino perdidas.
Todo lo que observo parece un lienzo. Noto que parpadeo y parece que afecta a la imagen como si hubiese sido un fundido negro que hubiese barrido a la protagonista. 
¿Ahora de quién es hija? Porque sigue siendo hija, ¿no? Quizá madre, y también amante. Quizá algún escéptico se negaría a calificarla de cualquier otra cosa que no fuese simplemente “bailarina”. 
Siento que estoy en un sueño porque la imagen, ahora surrealista, abandona todo tipo de equilibrio o norma impuesta antes de que yo estuviese. ¿Quizá nunca hubiese habido normas, tampoco antes?
Noto que el caos no sólo es a mi a quien genera angustia. Las manos de las otras dos bailarinas, que siguen de pie disimulando el ligero temblor de sus rodillas, no saben qué buscan.
Hasta que entonces, existe ese preciso momento.
Las otras dos bailarinas se miran. Juraría que hasta se reconocen. 
Sus manos han vuelto a encontrar un punto de mira.

lunes, 14 de octubre de 2019

El lenguaje de las manos

“Ay, Ceci, la del número tres no hace más que poner tulipanes cada vez más rojos en sus maceteros. Chsss. Que no es que yo sea una metomentodo pero es que, lejos de ser capaz de admirar su color, mi vista no puede más que centrarse en el terrible contraste que crea con las calles de este pueblo. Cada vez más gris, más apagado, con ese matiz de nostalgia en cada esquina.
Ya sabes, con lo que nos comentan las de las noticias del cambio climático ese, lo que es la lluvia ya ni la vemos. Por no crecer, ya no crece ni el musgo entre los adoquines. Ya ni siquiera se llena de charcos la plaza, así que los niños ya no van a jugar al lado de la fuente, a salpicarse.
Pero bueno, a decir verdad, tampoco es que queden muchos más niños en este pueblo que a nosotros nos vio crecer. Ahora los únicos llantos que se oyen llevan tantas penas como años a la espalda, y las risas son tesoros escasos por aquí.
Ay, ¿tú te acuerdas de la vuelta a casa por la noche de los días de cine de verano? Sí, sí. Cuando cogíamos el camino menos iluminado para llenar de amor la calle y ponerla por testigo de nuestra alegría. Hoy te confieso que siempre me pareció que el hecho de que la calle Compromiso no tuviese farolas estaba planteado por el destino para que nosotros allí empezásemos a asumir el nuestro.
Te acuerdas, ¿no? No éramos en absoluto conscientes de que íbamos a enlazar mucho más que nuestros dedos a partir de aquella tarde en la que te guiñé un ojo con tan poco disimulo que jamás supe si llegaste a devolverme la sonrisa por eso o por el ataque de risa que me entró acto seguido. Cómo de indecoroso hubiese calificado mi padre ese comportamiento de haberlo sabido, pero nosotros nunca quisimos cómplices en la historia que nos escribimos, así que tampoco lo supo.
Anda, calla, déjame continuar que sé que si pudieses ya estarías haciéndome hablar de banalidades otra vez. Porque lo tuyo -que pasó a ser nuestro- nunca fueron las palabras, aunque sí los gestos. Pero hoy no puedo.
Nosotros tuvimos ese código tan personal, tan nuestro, de hablar a través de las manos. Como la primera vez que, después de esa carcajada, noté la tuya en mi espalda. O el día en el campo en el que recorriste mis palmas otorgándole un sentido cara al futuro a todas las líneas de mi mano. Hoy, si te digo la verdad, están camufladas entre las arrugas, y juego en mi soledad a atribuir una historia nueva a cada una.
Te prometo que aún sigo sintiéndome incapaz de imaginar un lenguaje más bonito.
Como cuando caminabas de la mano de los niños cruzando únicamente su meñique con el tuyo. O cuando, vestida de blanco, cambiaste de mi mano derecha el anillo al anular de la izquierda donde sigue descansando ahora mismo.
Ay, mi vida. Si cierro los ojos te juro que mi mano podría recrear tu contorno a la perfección, posando al final mi pulgar sobre tu labio inferior.
No puedo evitar reírme al imaginar tu cara, Ceci, mientras te digo esto, y sé que estarías tan colorado que parecería que hemos vuelto a pasar el día rebozados en la arena y expuestos al sol. Sí, justo como aquellos veranos en Guardamar, amor.
Ya freno, que cierro los ojos y veo nítidamente los tuyos llenos de preguntas. Qué me pasa. Que por qué hoy. Que por qué así.
Ya sabes que siempre elijo el camino más largo. Pero los años me pesan y creo que ésta es la última visita que voy a poder hacerte, en esta vida al menos. Mi cuerpo ya no tira igual, y tocar esta piedra fría que lleva grabado tu nombre como si fuese uno más me cuesta más trabajo del que años atrás imaginaría.
Perdóname, vida mía. Pero cuando me tiemblan las manos ya nunca las tranquilizan las tuyas. ¿Te acuerdas de lo que te calmaba a ti las noches en esa habitación fría que durmiese cerquita tuya, con tu mano izquierda entre las mías?
Sé que me ves desde algún lugar, Ceci, arrancando aquí, como una tonta, los pétalos uno a uno de todas las flores que te dejo. Pero cuando vuelva a verte nos esperará una cama llena de ellas donde acariciarte el pelo y besarte los párpados.
Perdóname otra vez.
Ya sabes que nos vemos pronto, vida mía.”

*Rompiendo los pétalos rojos con el gris del cementerio acarició una última vez su nombre con las manos frías*

martes, 3 de septiembre de 2019

Saudade

Ahora,
con esta resaca,
teñida de nostalgia al mismo tiempo,
del sol,
del calor

De su luz

De su calor

Sólo me queda decirte que vale,
que lo intentes,
que si quieres te regalo septiembre.

martes, 4 de junio de 2019

No estoy aquí

Esta historia me suena. Ya la conozco. Miras mis labios mientras fumo, cómo exhalo el humo, y te preguntas cuando será tu turno, mientras yo me siento la protagonista de aquel libro que leí hace unos años pensando en que me estoy quitando otros siete minutos. Me miras como intentando desenfocar lo que ocurre a nuestro alrededor. Hacerme saber que estás conmigo.
Y la que no está aquí soy yo.

Esperas que responda a tus halagos con sonrisas, que me ruborice cuando encuentras una excusa para acariciarme. Que me ría como acto reflejo a tu risa.
Y deberías odiarme, porque en el momento en el que te vas a dar por vencido te doy pie a que sigas. ¿Tu último viaje? Y me hablas de tu vida.

viernes, 17 de mayo de 2019

Tan tú

Hablabas de la pena como el que hizo de la nostalgia fuego y se dejó quemar. De la pérdida como única costumbre del humano y de las letras como único modo de salvarlo.

Hablabas del amor como antídoto al veneno intrínseco que tiene la sangre humana,  de la posibilidad de que sean hermanas una mano derecha que ahoga y una izquierda cuando ama.

Hablabas de sus ojos como si te permitiesen acariciar el horizonte, de sus manos como si no hubiese otras capaces de repartir el pan y no te hacía falta decir que su pecho fue el lugar donde dejaste de conocer el hambre.

Hablabas de las calles de tu pueblo como si las andases por enésima vez, de tu barrio donde ves a niños que yo no veo correr y de los recuerdos como si hubieses despertado una y otra vez en un eterno ayer.

Hablabas de la muerte cuando se te nublaba la mirada y de la vida como único objetivo. Del querer como presagio, de la distancia como camino.

Hablabas,  y vives, con las ganas del que quiere comerse el mundo.

viernes, 15 de marzo de 2019

Las noches ya no son para los artistas

Que empezamos
con el frío en la calle
en los huesos
en los pies,

que se contradecía
con el calor de las manos
de la cama
de tu piel.

Y los besos en atocha
en el ascensor
en los bares
-que tu nombre no está escrito únicamente en la pared de ese garito-.

Que seguimos con las risas
con las ganas
con las manos entrelazadas.

Que tu culo me recuerda a algo griego
y no sé si fue follar o hacer el amor
pero esa noche nos sobraba España.
De visita rápida por Egipto,
cenamos en un indio
y acabamos siendo actores japoneses en una peli americana.

Que cuando nace la duda
pienso en tu mano cubriendo mi cadera,
en tu risa cuando duermes,
en la línea verde,
en Silvia de la estrella.

Que es fácil cerrar los ojos
y pensarte en mi sur
con los tuyos bien abiertos.

Tu mirada de antes del beso,

la de no querer mirarme,

la de no parar de hacerlo.

Que has sabido verme.
Reconocerme entre el caos
y las ruinas,
pero esta noche ya no me miras.

martes, 15 de enero de 2019

Del amor y otras guerras

A veces,
desde este frente,
escribo cartas sin remitente
fingiendo que ya no sigo en guerra
-conmigo.

Y no te hablo de otros cuerpos
sino del mío,
y te hablo del amor
y no del frío.

En esta tregua
entre mi infierno y mis caderas
se ha hecho diana de mi ombligo
y me encuentro buscando entre mis dedos
restos de los tuyos.

Y me descubro
bajando las armas,
y mis palabras,
liberando a los presos,
y a mis fantasmas.

Quitándome el peso del pecho
del cuello la guadaña,
de sus fusiles las balas,
y alzando en alto la bandera blanca.

miércoles, 9 de enero de 2019

Como si me pidiesen volar sin alas
vivir sin ser
creer sin dios
hablar sin saber.

Como si me pidiesen leer jeroglíficos
atrapar el nombre del viento
sentir lo que no siento
reír sin querer-lo.

Como si me pidiesen un baile
y yo sólo tuviese dos pies izquierdos
brillar sin luz
cantar sin voz
robarle la magia.

Como si me pidiesen esconder las alas
llenar de flores sus inviernos
abrir buzones sin cartas
escribir de lo feliz.

Como si me pidiesen olvidar lo no vivido
ladrar a un gato
que dejase de correr el mentiroso
desamar lo prometido.

Como si me pidiesen que no me pidiese más
abandonar la idea de otra realidad
silenciar la mitad de lo que digo
no hacer caso a lo que escribo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

De pájaros y otras vidas

Se asoma a mi ventana un cuervo sin alas que a veces se dedica a hacerme cosquillas en los pies con las plumas que le quedan.

Otros días aparece un colibrí que utiliza mis pupilas de ventana y no lo ve todo tan negro como yo y tiñe los miedos de esperanzas.

A veces una mano acaricia mi espalda y convierte mi piel en carretera, en arrecife, en camino, en kilómetros a la deriva. Y me da la paz que esta jaula me quita.

Sin darme cuenta a veces soy yo un pájaro que se asoma a su risa, que se para en el momento exacto de la carcajada y la deja grabada para poder rebobinar, para hacer posible darle al play.

De todos modos siempre vuelvo para convertirme en camaleón, con la habilidad rota, con los colores apagados y reducidos a una escala de grises que rompe el amarillo de la risa o el rojo de una flor.

Y a veces solo soy pies para hundirlos en la arena, para ser parte de la playa, para que me acaricie el mar sin querer. Para ser parte del vacío de manera inevitable.

Pero hoy soy polvo, que no ceniza, del que recoge lo que fuiste y lo acumula. Del que se queda atrapado en una esquina y desde ahí observa cómo la vida gira. Como se mece su falda como una cuna, como si bailara el sonido del viento, como si nunca más estuviese donde ya ha estado. Como si no fuese posible mirar atrás. Como si todo hubiese acabado.

martes, 23 de octubre de 2018

De sus grietas mi hogar

La ventana de un primer piso por el que yo ya no me asomo
donde ahora viven otros,
donde ahora ríen otros,
donde ahora duermen otros.
De nuevo el frío en los pies
y el calor en las manos,
el olor de aquel cuarto,
los regalos de ese cajón
y la ventana de su habitación,
y la cama,
y el morado.
Una niña que ya no crece
y un niño que ya no llora.
Un gatillo que no aprieta
porque sino ella se ahoga.
El cuadro de "buenas noches"
y las noches en sus brazos.
Ahora es cuando acariciamos unas manos que ya no nos dan de comer,
y nos agachamos a recoger los pedazos,
atentos de no cortarnos,
otra vez.
Y es ahora,
también,
cuando entendemos que ella ya no baila,
pero que tampoco esperaría a que la sacaran.
Porque es ahora,
como nunca,
cuando de las grietas que se han hecho hogar,
empiezan a nacer goteras,
y se inunda.
Que entre esas cuatro paredes yo también he tenido miedo y,
aún así,
he devuelto la sonrisa sin quererlo,
porque ellos siguen notando un vacío en la habitación
que yo también siento.


martes, 10 de julio de 2018

ELLA-S

Ella escucha 'Ella' de Bebe,
y se encuentra con 'Lisístrata' de Gata.
Ella está cansada de estar cansada,
de acostarse otra noche sin encontrar motivos para seguir habitando esta nada.

Ella escucha a Rozalén,
y le acuna 'comiéndote a besos',
escucha a Zahara
y se queda también 'con las ganas'.

A Ella este mundo le cansa
le duele
le pesa.

Y la Otra a ratos le devuelve la paz 'contigo',
y cierra los ojos si suena 'talkin' about revolution',
y es que la voz de Tracy Chapman.

A Ella este mundo le apesta.
Le apresa la celda que supone su cuerpo de mujer,
que es jaula y bendición al mismo tiempo,
y es que joder
qué cansado es ser el origen del pecado.

Que por sus ovarios,
otra vez,
piensa volver esta noche a casa -con miedo pero- bien,
con la 'buena suerte y la mala racha' de Sara Hebe,
ojalá al ritmo de Zaz dejándose el corazón en 'je veux'.

Pero le apena.
Este mundo a Ella le apena a un nivel superlativo.
Están forrados sus cuartos,
las revistas,
los anuncios
de nuestras tetas,
pero mejor censurar mi pezón.

Y otra vez el cansancio
y la rabia,
y la voz de Keny Arkana para soltarla.

No os dais cuenta de que estas lobas se desangran,
pero no van a dar vida a más fieras.

Que cada día aullamos con más fuerza.

lunes, 28 de mayo de 2018

-¿En qué piensas?
+ ¿De qué te confesarías?
- A veces te veo cuando no estás
+ ¿Crees en el más allá?
- ¿Qué sentido tendría vivir sino?
+ ¿Y si estamos muertos?
- Los sueños nos darán la vida
+ ¿Crees que si anhelamos tanto tener alas es porque un día nos las cortaron?
- ¿Bailas?
+ Necesito una copa
- ¿Me escuchas?
+ Podemos bailar
- No sé dónde estás
+ ¿Si pudieses pedir un deseo seguirías aquí?
- No me he ido
+ ¿Y si te piso los pies?

miércoles, 11 de abril de 2018

M

Recuerdo lo oscuras que me parecieron siempre esas escaleras, tu tocador al entrar enmarcado por los retratos de los que te gustaría que estuvieran.  Me acuerdo de la luz en el desnivel de su techo, de las máscaras en la pared de su cuarto, y el eterno respeto de mis pasos por no cruzarlo, hasta que lo acabé sintiendo un poco mío.
Me acuerdo del frío en las plantas de los pies cuando cruzaba descalza  por el salón para ver el barco de metal que susurraba la existencia de otras posibilidades. La ventana del comedor que nos acercaba a la montaña.
Ahora me pregunto si tus ojos jugaban a llenar los huecos vacíos cuando celebrábamos ahí la Navidad, si seguías buscando las risas apagadas cuando te chocabas de frente con otra carcajada.
Tus manos eran las que hacían un hogar de mi casa, y ahora necesito perderme en la montaña. Quise creer en la posibilidad de una vida después porque, a veces, me pregunto si sigo recordando el olor de tus abrazos.
Echo de menos encontrarte en mi sofá al despertarme los domingos -cómo ir a misa si tenía velando mis sueños a todo en lo que yo creía-, y que tratásemos de sorprenderte un lunes. Nunca creiste que lo de ser motivo para seguir podía ser tan recíproco, pero a veces necesito deshacer el tiempo y volver a verte llevándome de la mano a cualquier parte.
No te hacías a la idea de todo lo que me enseñabas cuando te dejabas tu vida en nosotras, dejándonos siempre las puertas abiertas a tu corazón.
Que querer sólo duele cuando no se lo puedes decir a quien amas. Y tú eres lo más grande que ha pisado este planeta.
Que echo de menos el orgullo de tus ojos y el amor en tus caricias. Las lágrimas contigo sabían menos a sal.

Gracias por hacerme tan tuya, gracias por haberme enseñado a ser tan mía.

martes, 27 de febrero de 2018

Prohibiría prohibir

Es un canto a mi manera,
dos pasos con el pie izquierdo,
un baile a contracorriente.

Es un idioma con gramática compartida,
evocando mensajes pasados
"prohibiendo prohibir",
aunque siga estando mal visto
-para los que no ven-
abrir mentes en vez de brechas.

Es un perro verde maullando,
tejiendo alas de mariposa
para que los sueños de Frida
le aligeren los pies.

Es contar hasta diez
y dejarte pillar el primero,
gritar "casa" cuando dejes de tocar el suelo.

Es una de extremoduro para dormir
y el sol por la mañana,
ganar la partida cuando te vean las cartas.

Es el tic, tac,
la tinta,
que abre la jaula
cuando los corazones dictan.

lunes, 1 de enero de 2018

Carroñeros

Me he añadido color a las mejillas
y un poco de pan a las manos.
Me he puesto un vestido de flores,
por las que no dejé en el cementerio,
y estoy enterrando
una
a
una
las caricias que no fueron a parar a tus daños.
Me he tapado las ojeras
para apagar la voz de alarma,
porque les desconsuela saber que no dormí ayer,
igual que tampoco lo haré mañana.
Vuestra compasión
hace hoy de espantapájaros
alejándome de lo que en un momento creí hogar,
dándole la vida a un diablo.
Sois cuervos
con el hambre de una hiena,
no sé cómo podéis alimentaros de esta mierda.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Esta realidad tan bonita como injusta

“Escribo porque duele pero escribo porque cura”
“Que el frío se ha hecho ciudad
y yo, solo, he aprendido a quemarme”

Siempre fue más fácil leer su historia que escribir la mía. Tan fácil como fingir una sonrisa. La constante máscara que finge querer vivir.
Nunca les conté que aquel día lloré por él, igual que no conocen mi paradero los días de tormenta, ni saben de mis noches infinitas, que configuran esta realidad tan bonita como injusta.


La primera noche duró años y aún, a veces, viene a buscarme los primeros días de algunos meses. Lo peor es que yo siempre me dejo coger. La primera noche era un constante Saturno devorando a un hijo, los versos más tristes de Neruda, el olor de su salón, una cena de Navidad, soplar las velas con la ilusión perdida. Era jugar sabiendo que ya se había acabado la partida. Y el silencio. En casa, en la calle, en su vida, en el cuarto piso de un edificio, en el cielo gris.


Hubo una noche que me enseñó lo bonitas que parecen las pesadillas cuando se maquillan. Un túnel con luces de neón, una canción prometiendo sexo, drogas y rock&roll; la serie de pinturas negras de Rothko, y el vacío en mi habitación.  


Lo más duro de la noche por la que conocí la luna fue saber que tuvo sonrisa pero no conocí sus comisuras. Las estrellas guían esta realidad dormida. Y una vida en colores pastel, una canción de Juan Luis Guerra con 4 40, Picasso dibujando cientos de almas rotas y titulándolo Guernica, hacer más corta la soga con el nudo margarita. Saber que íbamos a arder.


Otra de esas noches duró tanto que creí que no iba a salir con vida. Era when the stars go blue como banda sonora, una foto de Anton Corbijn, el frío de mi habitación, el calor de sus manos, un jodido cuadro de Caravaggio, y yo una espectadora fija en el centro de la diana. Rezando una vez,
y otra,
y otra,
y otra
para que acertaran. Pero no. Vivir se tornaba suplicio, y Dios pidió que se llevase a cabo el sacrificio. Yo también quise convertirme en cenizas y coronar la montaña. Pero para ser parte de la sociedad era necesario seguir actuando
como
si no
pasara
nada.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

S E M B R A N D O

Careciendo de tumba en el cementerio,
tendría ramos de flores en los lugares donde tú reíste,
en los sitios que amaste.
No dejaré flores donde te marchaste,
se marchita mi alma en el marco de esa montaña.
Llevaría flores al viento,
que cayesen pétalos en el mar de Aguamarga,
y tus flores nunca dejarían de vivir en tu cama de Manzanares.
Sembraría el cuarto entero,
y sería el piso de la vida,
la que te merecías,
la que se merecía.
Por descontado,
en mi casa tienes plantada
para ti
la rosaleda entera.

Y cómo decirte
que de las raíces que me recubrían el corazón
han crecido margaritas.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Tic tac

Me están asfixiando las cadenas que te atan,
las noticias que hablan de todo lo que les interesa que sepamos.
La muerte
me viene a susurrar las vidas "sin nombre" que se lleva,
por carecer de un carnet de identidad,
sin que nadie sepa a quién llorar,
sin que nadie sepa cuándo parar de hacerlo.
Silencios comprados
a cuerpos arrebatados,
estáis malditos.
Y aún así escucho una y otra vez
"¿POR QUÉ?"
Un billete que acalla una conciencia,
un arma que silencia un corazón,
un muro que finge desconocer su existencia.
Que no queremos ver.
Que no me quiero callar.
Y se alza otra mano creyéndose poseedora de algo que no es suyo,
y el dolor fatigado que no cesa
invita esta noche al Hambre a sentarse a la mesa.
Una y otra vez lo mismo,
¿qué le pasa a este planeta de los simios?
Una vida que mata pero no perdona.
Y es en esta mierda donde descansarán nuestros restos.
Si volvemos a dormir,
si nos creemos el cuento.