En vuestros gritos
se pronuncia mi silencio.
Vuestras balas
dejan heridas propias de cañonazos.
Vuestras bocas
tienen mas veneno que la más letal serpiente.
Nuestras sonrisas
tienen todo de fingidas
y nada de verdadero.
Nuestros corazones
ya están negros.
Negros pero no como el carbón,
sino como el más doloroso sentimiento.
Sentimientos sucios,
amargos.
Y así uno no vive,
porque uno no puede vivir fingiendo
ni queriendo verse muerto.
Ni uno vive de tal modo
que lo único que rompa ese rostro falso
sea un buen recuerdo de algo vivido,
que vuelve a asesinarme
al pensar que recuerdo algo perdido.
jueves, 22 de mayo de 2014
Balas como cañonazos.
martes, 20 de mayo de 2014
What doesn't kill you makes you stronger.
Y hoy, como cada día me he acordado de ti, pero hoy no me ha
salido sonreír. Preguntarme por qué no estás aquí no sirve de nada, porque no
vas a volver; recordar la fecha en la que te fuiste no va a hacer que cambie lo
que paso ese día, pero está grabado en mi memoria; desear que hubieses tenido
una vida más feliz es estúpido, cuando vives en un mundo lejos de mi alcance. Llorar ya no trae tus palabras de consuelo, aunque supongo que si es verdad eso de que me ves allá donde estés te haré daño.. por eso ya no lloro, pero se me encoge a ratos el corazón, así tú no sufres al ver las lágrimas danzar desde mis ojos. Querer encontrarte en el cuarto ya no tiene sentido, ya que sólo lo habita Ausencia, y a veces le acompaña Soledad, pero estoy segura que ambas echan tanto de menos tu olor como lo echo yo. Mirar las fotos de ti sonriendo no me hace que recuerde el momento, y eso sí que quema, me gustaría saber qué te hizo sonreír, si era yo, porque tu sonrisa sí era un regalo. Pensar en todas las cosas que desaparecieron contigo no hace que intente recuperarlas, porque para mí ya no tienen sentido si no eres tú quien las propone, supongo que eran de esas pequeñas cosas que es contigo o nada. Recordar hasta cosas tan íntimas o huecos de tu casa prácticamente invisibles para otros a mí me hace sobrevivir, yo tenía un refugio, y no era sólo en el cuarto del final del pasillo a la derecha, sino a tu lado; al lado de la mujer que intentó regalarme un gato de peluche y colocarlo encima de una bicicleta por mi comunión. Eres la única persona en el mundo que de verdad me ha echado de menos con irme dos días, y que sepas que yo también te he echado de menos con tan sólo no sé, tú me entiendes. Decirte que estabas guapa cada viernes después de ir a la peluquería no era mentira, siempre has sido preciosa, y recordarte que el pelo seguía en su sitio después de haberte cambiado de la silla al sofá para quedarte más tiempo conmigo nunca me costó nada. Mil veces me hice la dormida mientras ya estaba vestida debajo de las mantas para darte una sorpresa, y todas y cada una de esas veces me hizo ilusión, de esa que te quita el cansancio y cualquier otro pensamiento. Recordar tu cara de agradecimiento al decirte que yo subía más tarde... eso sí era algo grande. Desearía que me hubieses conocido ahora, cuando sé valorar un poquito mejor las cosas, a pesar de que sé que siempre supiste que eras lo más grande para mi, eso no era suficiente.
sábado, 17 de mayo de 2014
Debería estar durmiendo.
Me resulta tan deprimente que lo malo de esta vida sea lo
que me inspire, que lo triste sea lo que ponga mi mente en marcha, pero no para
mejorarlo, eso si que es deprimente, que no escriba para poner solución al
dolor, sino para que estas palabras eviten las lágrimas, que ese agua salada
que huye de una mirada esta vez son estas palabras, las que calman mi alma, las
que me limpian hasta salvar que se atisbe la más mínima seña de dolor en mi
cara. Que hay recuerdos que arañan el corazón hasta asesinarnos, hasta
preguntarnos si estamos muertos, si estamos que ya no vivimos o si es que
vivimos muriendo. Y es que hay veces que nos preguntamos por qué no estamos muertos
en vez de arreglar este remolino que unos conocen como vida, lo que unos ven
como ‘un día más’ mientras otros piensan en ‘un día menos’. Y sé que debería
ver cada día como una nueva oportunidad para
mejorarla, o al menos una para
empezar a vivir de verdad, pero dime quién ve eso cuando suena el despertador
cada día a las siete y cuarenta y ocho de la mañana, y ahí sólo querría aplicar
la frases de Sharif ‘hoy me quedo en la cama que fuera la vida duele’, pero no,
me pierdo en ese día, entre las sonrisas de gente dolida y entre las caras de
sueño de todos aquellos que preferirían despertarse otro día, entre las
no-preocupaciones de la gente que vive de la alegría, por en medio de gente
a la que importé un día.
We were both young when I first saw you.
Tal vez no existe un amor de película, de cuento de hadas,
pero sí que existen amores que te hacen sentir que después de esa persona todo
se queda corto, que después de esa persona no hay nada más, el amor puro, que
te lleva a amar de una manera loca, profunda y sobre todo sincera, ese amor que
no tiene nada que envidiar al amor de princesas, porque nunca va a venir a
rescatarnos de un peligro un príncipe a caballo para después llevarnos al
castillo donde seremos felices y comeremos perdices, no, pero ¿y qué? El amor
de cuento está sobrevalorado, porque lo que sí que hará aquel que ames será
venir un día a buscarte a tu portal, robarte un beso, o superar baches, porque
en la vida real los hay, claro que los hay; pero qué hay más bonito que una
verdadera reconciliación, que estar abrazados en el sofá, que que te hagan
reír, que ponerte su camiseta después de habérosla quitado entre besos un rato
antes, que imaginar un futuro juntos, ¿y qué más da que no sea en un palacio
mientras pueda encontrarle cada noche debajo de mis sábanas? Y es que cuando
uno ama se vuelve un poco loco creo yo, y puede llorar en un momento de máxima
felicidad, o reír en el peor momento
porque no puede ni creerse lo que esté pasando, puede conocer cosas de sí mismo
que no sabía que existían y descubrir otras en alguien que jamás creyó que
podrían existir, que no podrían ser reales. Y es que, en verdad, ¿qué hay más
bonito en esta vida que el amor? El amor que llena, que consume, que nos da
vida, que nos mata a veces, y que otras nos resucita.
SMP.
jueves, 15 de mayo de 2014
The greatest thing you´ll ever learn is just to love and be loved in return.
"¿Cómo iba a saber yo que en aquellos últimos y fatales días, una fuerza más oscura que los celos y más fuerte que el amor, había empezado a apoderarse de Satine? "
- Moulin Rouge.Y es que a veces deseo que ojalá que fuese verdad que el amor es el sentimiento más arrebatador y más feliz, pero no es así, puede que el amar te haga sentir que el mundo es mucho más bello o que no tiene por qué ser todo tan malo, pero hay fuerzas incontrolables e inexplicables que pueden arrebatar una vida sin ni siquiera dejarte mencionar unas últimas palabras, una despedida, algo que ni el amor más bello y profundo es capaz de extinguir.
sábado, 10 de mayo de 2014
Aleatoria.
Soy eso, el fluir caótico del pensamiento, del sentimiento, rápidamente lento, impredecible, nervioso, sincero.
Soy quien no sabe explicar un 'por qué' porque dime tú a mi cómo se puede explicar el qué del sentimiento.
Vuelvo a retorcerme en las metáforas, en contradecir el tiempo con una lanza. Qué mas da que no se encuentre coherente, no escribo para que me lea la gente. Lucho contra el dolor de cabeza después de llorar, ya que es injusto que te calienten la cabeza cuando el corazón ya está sufriendo. Soy eso, la que rezaba omitiendo un pedazo, porque lo de justo y necesario nunca lo vi demasiado claro, miraba mi vida y no lo encontraba reflejado en ningún lado, claro, si a mi corazón le agarraron por ambos lados, y se llevaron entre dos personas la mitad de lo soñado, y lo cambiaron por un yo que sé que no hace nada, con función de tirita, pero de qué sirve si la herida no sana, porque se encuentra dentro, sola y desamparada. Sola como ella probablemente se sintió, puede que alguna vez sin querer fui yo la que cometió el crimen de dejar ese peso en ella, pero no puedo hacer nada si ni siquiera tuvo la culpa de desaparecer. Y al final qué... pues supongo que el final, ya que todo acaba, como la risa, la felicidad, la calma, la tormenta, el sentimiento de querer que termine, la botella de barbadillo... Y al final a eso un día nos reduciremos. A ceniza, quizás en una montaña, bien acompañada.
Soy quien no sabe explicar un 'por qué' porque dime tú a mi cómo se puede explicar el qué del sentimiento.
Vuelvo a retorcerme en las metáforas, en contradecir el tiempo con una lanza. Qué mas da que no se encuentre coherente, no escribo para que me lea la gente. Lucho contra el dolor de cabeza después de llorar, ya que es injusto que te calienten la cabeza cuando el corazón ya está sufriendo. Soy eso, la que rezaba omitiendo un pedazo, porque lo de justo y necesario nunca lo vi demasiado claro, miraba mi vida y no lo encontraba reflejado en ningún lado, claro, si a mi corazón le agarraron por ambos lados, y se llevaron entre dos personas la mitad de lo soñado, y lo cambiaron por un yo que sé que no hace nada, con función de tirita, pero de qué sirve si la herida no sana, porque se encuentra dentro, sola y desamparada. Sola como ella probablemente se sintió, puede que alguna vez sin querer fui yo la que cometió el crimen de dejar ese peso en ella, pero no puedo hacer nada si ni siquiera tuvo la culpa de desaparecer. Y al final qué... pues supongo que el final, ya que todo acaba, como la risa, la felicidad, la calma, la tormenta, el sentimiento de querer que termine, la botella de barbadillo... Y al final a eso un día nos reduciremos. A ceniza, quizás en una montaña, bien acompañada.
jueves, 24 de abril de 2014
La botella medio vacía.
Y por qué, dime tú por qué todo esto me ha arañado el corazón, dime por qué o qué he hecho para merecer tener una herida que no cicatriza, que cada vez que parece que comienza a cerrarse vuelve a abrirse para que mi felicidad escape, para que huya lejos de mí, y se siente en frente, recordándome que sin ella no merece la pena seguir adelante. Por qué han de tratar de descoserme el alma, por qué me autodestruyo, por qué no me dejo crecer. Por qué me siento en el punto de mira de toda esa mierda... podría ser fácil decir que no me rendiré, pero a saber cuánto tiempo llevo ya en el banquillo, descansando de un partido perdido, o por lo menos es como yo lo veo, y como nadie me ve; podría decir que no me rendiré, pero me sería exageradamente fácil decirlo al saber que ya me he rendido, y es que, al igual que lo han hecho los demás, yo tambíén me he dado por perdida. Y es que parecerá estúpido pero es la puta casualidad de mientras escribo haber escuchado tan sólo dos canciones en el modo aleatorio y que las dos traten de rendirse, o no, todo depende de como uno lo vea, ¿casualidad?. Ni siquiera sé si eso existe. Creo que ya no sé qué creer, he perdido la fe en mí, al igual que lo hice en la mayoría de la gente por la que un día me sentí arropada. Qué más da, ¿no? Si la vida no espera a nadie, y si yo continuo en la parada de un tren, en una estación de la que no me voy a mover, pero desde la que siempre observo a los de mi alrededor. Los trenes pasan, pero mis manos están atadas a otro destino, al del banco desde el que miro la felicidad correr, chocar con el dolor y volver a nacer, y desaparecer.
domingo, 20 de abril de 2014
Arte
Y es que creo que sólo aquella persona que haya sentido por su cabeza un verso, o que alguna vez una frase le haya tatuado el corazón, o que una palabra se le haya escapado entre los dedos desesperada por ser desarrollada para llegar a ser la historia más bella jamás contada, puede entender lo que esto significa.
Sólo aquel que ha pasado noches discutiendo con esa inspiración, que siempre llega en el peor momento, y que te impulsa a lanzarte contra el folio, el cuaderno o la simple nota del teléfono, podría comprenderlo.
Aquel que admira la palabra de tantos maestros, da igual o no que alguna vez consiguieran reconocimiento, y la absorba, la viva y la sienta podría entenderlo.
Aquella que siente que jamás es suficientemente bueno, y gana horas y horas leyendo, echando de menos palabras que faltan, pero si faltan puede que estén de más.
Ese que ha dejado que sus manos, su corazón y su mente se reunan para crear algo loco, abarrotado de sinsentidos, algo puro.
Y es que aquel que aprende de lo que ve, que escucha lo que siente que empieza a admirar lo que envidiaba, que ve la belleza detrás de las palabras puede comprender que no encuentro mayor arte que el sentimiento sincero escrito en un papel, bueno malo azul o blanco, simplemente siendo espejo del corazón y tomando la mejor parte de la razón.
Sólo aquel que ha pasado noches discutiendo con esa inspiración, que siempre llega en el peor momento, y que te impulsa a lanzarte contra el folio, el cuaderno o la simple nota del teléfono, podría comprenderlo.
Aquel que admira la palabra de tantos maestros, da igual o no que alguna vez consiguieran reconocimiento, y la absorba, la viva y la sienta podría entenderlo.
Aquella que siente que jamás es suficientemente bueno, y gana horas y horas leyendo, echando de menos palabras que faltan, pero si faltan puede que estén de más.
Ese que ha dejado que sus manos, su corazón y su mente se reunan para crear algo loco, abarrotado de sinsentidos, algo puro.
Y es que aquel que aprende de lo que ve, que escucha lo que siente que empieza a admirar lo que envidiaba, que ve la belleza detrás de las palabras puede comprender que no encuentro mayor arte que el sentimiento sincero escrito en un papel, bueno malo azul o blanco, simplemente siendo espejo del corazón y tomando la mejor parte de la razón.
viernes, 11 de abril de 2014
Best of me
Podría fingir que soy una chica normal, pero os engañaría. Podría decir que no tengo manías que cualquiera pueda odiar, pero no sé a quien estaría mintiendo. Podría decir que aquel diez de diciembre de dos mil once no volví por el camino a casa, mientras tú te ibas en tu bicicleta, dando saltos emocionada, FELIZ, porque dijiste 'te quiero mucho, que lo sepas', por primera vez, pero si negase eso dejaría la nariz de pinocho en un segundo puesto. Podría negar que tardé en contestar la primera vez que leí 'te amo.' en nuestra conversación porque estaba dando saltos por la casa, pero vamos, es estúpido, porque lo hice. Lloré de felicidad al ver que eran las doce pasadas y el mundo daba paso al veintiocho de octubre de dos mil doce, y te abracé. Traté de recopilar en mi mente, en las notas, o en cualquier lado los mejores regalos que me hiciste, como cuando dijiste que era la niña de tus ojos, y teniendo los que tienes, serlo debería ser un don.
viernes, 4 de abril de 2014
Sssh, silencio.
Me disfracé, para parecer más feliz.
Y me escondí, para acompañar al olvido.
Traté de despertar las sonrisas en coma de tanta gente...
Sonrisas perdidas en batallas.. o en botellas.
Traté de calentar inviernos,
e incluso creí congelar el fuego.
Discutí con la inspiración,
porque siempre llegaba tarde.
Y me refugié detrás de las agujas de un reloj,
del tiempo,
que dicen que todo lo cura,
que el dolor calma,
al alma,
de aquel que sufre... de aquel que ama.
Me entrometí en la mente de los realistas, de los idealistas,
de los soñadores y pesimistas,
en definitiva,
de cualquiera cuya mente fluyese de una manera distinta.
Abracé al solitario,
me pudo escuchar el sordo,
hablé por el mudo,
y aquel que lloraba acabó por consolarme a mi, irónico.
Y, entonces, creí ser feliz
y cuando fui a contarlo
me ataron las manos
me cosieron los labios.
Y ahí lo encontré.
Cuando no tuve nada más que hacer,
cuando todo terminó
fue el único que se quedó a recoger
los restos de lo aprendido,
los mios.
El silencio.
Que mantuvo en secreto,
mientras contaba a voz en grito,
todo lo que yo nunca había dicho.
Que gritaba todo lo que yo callaba.
Pero nadie lo oyó.
Y me escondí, para acompañar al olvido.
Traté de despertar las sonrisas en coma de tanta gente...
Sonrisas perdidas en batallas.. o en botellas.
Traté de calentar inviernos,
e incluso creí congelar el fuego.
Discutí con la inspiración,
porque siempre llegaba tarde.
Y me refugié detrás de las agujas de un reloj,
del tiempo,
que dicen que todo lo cura,
que el dolor calma,
al alma,
de aquel que sufre... de aquel que ama.
Me entrometí en la mente de los realistas, de los idealistas,
de los soñadores y pesimistas,
en definitiva,
de cualquiera cuya mente fluyese de una manera distinta.
Abracé al solitario,
me pudo escuchar el sordo,
hablé por el mudo,
y aquel que lloraba acabó por consolarme a mi, irónico.
Y, entonces, creí ser feliz
y cuando fui a contarlo
me ataron las manos
me cosieron los labios.
Y ahí lo encontré.
Cuando no tuve nada más que hacer,
cuando todo terminó
fue el único que se quedó a recoger
los restos de lo aprendido,
los mios.
El silencio.
Que mantuvo en secreto,
mientras contaba a voz en grito,
todo lo que yo nunca había dicho.
Que gritaba todo lo que yo callaba.
Pero nadie lo oyó.
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