martes, 3 de febrero de 2015

Por ti.

Creo que tus manos estaban arrugadas
porque tu corazón ya tenía demasiadas estrías.
Que tus ojos se nublaron 
por todas las tormentas contra las que luchaste
y las pocas gotas que dejaste que cayesen 
para los mares que podrías haber llenado.
Creo que echabas de menos
como nadie jamás lo ha hecho,
y que yo lo hago ahora
más que nadie.
Creo que tu sonrisa
me daba esperanza
y que tus palabras 
eran el camino que se abría bajo mis pies.
Creo que tu corazón debía estar desbordado;
cómo alguien podía entregarse tanto
a pesar de haber sufrido más,
y sé que no te gustaría que dijese esas cosas subidas de tono
a las que tus oídos 
a veces 
no se acostumbraban.
Creo que si mi vida tuviese que oler a algo
escogería que oliese a ti,
a tu casa,
a tu ropa,
a tu vida,
porque no habría nada mejor para olerme a mi.
Recuerdo verte tan guapa
tan arreglada,
y sentir que la sonrisa de la foto del armario
no era la misma que me regalabas a mí,
no me costó descubrir que me querías a morir,
y que me repitieses que darías un brazo si hiciese falta por mi,
que querías verme feliz,
que se me pondrían malos los ojitos de llorar.
Por favor,
ven,
y vuelve a decirme eso,
porque ya no encuentro motivos para no derramarme más.
Por favor,
vuelve, 
y reza conmigo,
porque es el único modo de sentir 
que mis plegarias son escuchadas 
por Él, 
para cuidarla a ella.
Por favor,
vuelve y déjame decirte lo guapa que volvías cada viernes de la peluquería,
lo bonitas que ella te dejaba las uñas,
lo guapa que estabas con esos vestidos,
con tus faldas.
Por favor,
regresa,
sé que aún no le he cogido gusto al vino,
pero debe ser porque no he tomado un barbadillo contigo,
que no lo he pedido en el bar de la esquina
y he recordado su nombre para alegría de tus oídos,
placer el mío que sería de probarlo contigo.
Enséñame a bailar otra vez en la entrada de casa,
que nunca me quedé con los pasos,
quiero aprender a hacer ganchillo 
si mis profesoras son tus manos.
Vuelve,
prometo escribirte cada día en la pizarra, 
recordarte lo que te quiero, 
y llamarte cada vez que me vaya.
Que algún día llevaré las llaves 
tan bien colgadas como tú,
llámame por equivocación
cuando querías llamarlos,
pero mientras vuelve
y deja que te coloque la silla sobre la hierba 
a la sombra,
sí, 
que sé que el sol no te sienta bien, 
y déjame sentarme a tu lado,
y repíteme todo
lo que cien mil veces me has contado.

viernes, 30 de enero de 2015

Sin cobijo.

Levantó la cabeza, y se vio sola. Se hizo un ovillo tumbada sobre el sofá, le parecía inmenso cuando no era compartido, pero tampoco quería salir a andar. Sintió frío a pesar del cálido sol que traspasaba la cristalera de la habitación, pero eso daba igual, porque ella sabía que si todo no fuese una mierda él estaría abrazándola por la espalda y estarían jugando a ver cuánto tiempo tardaban hasta que se olvidasen de contarlo. Pero ahora no hace más que contar el tiempo a contrarreloj, el tiempo que hace que nadie desea verla sonreír, el tiempo que nadie sonríe por verla reír.

domingo, 25 de enero de 2015

amARTE.

Decidí amarte
hasta que desgastásemos tanto el amor 
que sólo quedase arte.
El arte de odiar quererte
y aprender a quererme por amarte.
El arte de tus manos en la guitarra
o en mis labios,
del ritmo de mis latidos 
sintiéndose hasta en las manos.
La cordura atándose al tejado,
asfixiando todos los miedos 
y ahogando los daños.
El arte de sonreír compenetrados
de sólo saber escribir 
si lo hago sobre los añicos 
esparcidos de aquel pasado.
Formar sin querer un cuadro
de ropa en el asfalto.
El arte  de gritar con la mirada
a un volumen incapaz de alcanzar mi voz,
coser madrugadas en nuestras espaldas
y dejar cicatrices que ni soñadas. 

El arte de saber
que soy feliz sin amarte,
sin amantes.

sábado, 10 de enero de 2015

SHOW MUST GO ON

*Luces, cámara y acción.*

Se accionó mi sonrisa mientras él grababa. La vergüenza a las cámaras dejaba de existir cuándo él era el director, el productor y el protagonista. El vértigo que me producían mis complejos desaparecía por arte de magia, aunque todos sabemos que era él el que sacaba el conejo de la chistera, y el que trucaba las cartas para que mi futuro pareciese que iba a traer unos cielos claros y soleados. Era así cuando podía ver a través del objetivo tus ojos del color de las posibilidades, cuando podía caer desde el avión sin paracaídas y llegar al suelo sana y salva -o eso creía-. Así yo era feliz, me tapaba con el pelo la cara pero podías ver mi sonrisa a través de él, podía llegar el frío que yo sabía que tendría tu abrazo, daba igual que lloviese si en tus labios podía disfrutar de cualquier cosa, qué más daba que algo me fuese mal si tú tratabas de moldear mis pesadillas para que fuese una película de animación. Así, en una de las tardes en las que los miedos nos observaban temiéndonos porque ya no nos preocupaban, me miraste mientras dejábamos otro recuerdo grabado para nuestra historia, pese a la confianza seguía con la vergüenza del que ama con cada latido y me hacías reír mientras tú sonreías al verme feliz a mí, y no entendí porque había un metro de distancia entre nosotros, y por qué la cámara me enfocaba a mí cuando tú eras el protagonista de mis ojos, así fue que me acerqué hacia ti y te besé, y ya no hizo falta grabar más segundos de aquello, porque -desgraciadamente- mi memoria funciona mejor que esa cámara. 
Desgraciadamente porque después pude ver que tirarme al vacío sin paracaídas me estaba destrozando a la velocidad de la luz, que tus hombros ya no serían más consuelo que el sonido de mi teclado, que ya no sería un marcador, que lo más cerca que volvería a estar del amor sería creyendo en estúpidas historias de alguno imposible, enamorándome durante cinco segundos de alguien en el metro; desgraciadamente, porque no he vuelto a sentirme identificada con el brillo que antes tenía, no coincide mi sonrisa con la que antes usaba ni mi corazón gasta la misma talla.

*Se fundieron las luces, rompimos la cámara, se cayó el telón,
y no hubo más interacción*

martes, 6 de enero de 2015

Suficiente.

¿Has llorado alguna vez todas las sonrisas que alguien te robó? Pues yo estoy harta de humedecerme las mejillas cuando tus manos están mojadas y no de mis lágrimas. Qué derecho te crees que tienes para cortarme la respiración y que no haya placer después. Quién eres para apuñalarme mirando a otro lado, para fijar tu persona en cada fachada, para no dejarme limpiar las manchas de sangre que bañan todos mis recuerdos.
Acaso no escuchas el dolor en mis cuerdas vocales,
acaso no escuchas mi corazón a cien kilómetros de distancia pidiendo tiempo muerto,
acaso pintas encima de la realidad tu fantasía.
¿Cuándo aprendiste a ignorar mis heridas?

Que quiero respirar
ahora que me he dado cuenta que hacerlo sin ti,
no es hacerlo sola.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Y ahora qué

Y todas las horas de estudio de anatomía cuando ni siquiera entraba en nuestras asignaturas, qué pasa con ellas.
O con todas las sonrisas o con todos los besos o no sé.
Qué pasa con tus labios,
con tu pelo corto,
con tu espada despoblada de caricias
-o eso me gusta pensar-.
Y qué hacemos con este año confuso,
qué hacemos con el hecho de que conozcas mis manías mejor que yo,
que conozca tus brazos como la palma de mi mano,
qué pasa con todas tus pesadillas,
con los sueños que ya solo quedan por los suelos
que pisamos como se pisa el pasado.
Y que pasa con todas las lágrimas
si ni tu ni yo surcamos nuestros mares.
Pero sobre todo qué pasa con tus manos y mi sonrisa, que pasa con los recuerdos
con inmortalizar nuestros momentos
con tus camisetas
y mi pelo,
tus tarareos
y mi impaciencia.
Qué pasa con esa magia en la que ya no creemos.

martes, 23 de diciembre de 2014

-

Tengo una resaca de la ostia
después de la barra libre de verdades
que me ofrecieron anoche tus labios.
Con el candado en las manos
y la llave en tu boca,
el corazón volcado
en palabras de amor
en cartas rotas,
cosí en mi piel tus experiencias
y desabroché tu sombra.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Sólo una mentira.


Notaba que llevaba mirándome más de tres minutos seguidos, que parece poco, pero es que no agachó su cabeza en ni uno solo de los asaltos de miradas que no duraron más de diez segundos. Y perdí todos yo.

No sé si es que ese día iba especialmente malpeinada o que había optado por fijarse en mí al no darse cuenta de que a su lado llevaba ya unas cuantas paradas una chica con minifalda.
Sabía que me estaba poniendo roja, y no por los perversos versos que leía; sino porque su mirada le hacía parecer hombre lobo a la vez que me recordaba al niño que compite emocionado.
Núñez de Balboa.
Todo el mundo se baja en Núñez de Balboa.
Y disimuladamente miro como agarra su abrigo, en parte no me apetece que se vaya.
Pero se levanta.


... tan solo para moverse a mi lado aprovechando el hueco libre que acababa de dejar otro hombre (no sólo en el metro).
Noto su respiración al leer los mismos perversos versos que yo leo.
Y con todo el descaro que había visto jamás dejó salir a su voz de la cueva, diciéndome que necesitaba conocer el final.
Giré la página.
La leyó satisfecho.
Y me preguntó que cuál seria el nuestro,
que si tenia sueños;
para atropelladamente cortarse comentando, como quien habla con toda la naturalidad del mundo, que sentía comenzar así, y cambió su pregunta a si era feliz.
Le miré como miran las personas atractivas - no creo que lo consiguiese- cuando iba a preguntar que si eso era más normal pero mis cuerdas vocales no fueron capaces de tocar otra nota que no fuese un rotundo y claro 'no' cargado de franqueza y con el miedo sorprendentemente ausente.
Estudié la comisura de sus labios tres o cuatro segundos para volver a fijar mi mirada en la suya,
tratando de intimidarle.
Y le devolví la pregunta.
Ahora el peso estaba en su lado de la balanza,
aunque no sé en que momento comenzamos a compartir una.
Noté como dos segundos antes de contestarme miró mis labios y ahí, como estrellado, contestó que por lo cansada que notaba mi sonrisa debía ser que más que yo, al menos, sí.
(No sé por qué esperaba una respuesta más sencilla de quien en apenas dos paradas de metro había sido un huracán en una ciudad tranquila.)
Creo que le sonreí con las pestañas, y fue como dar paso a que continuase la obra para que, sin que la voz le temblase, me confesase que desde que me había visto sonreír al leer la que él contaba como tercera página creyó que era verdad eso de que a la tercera va la vencida,  y que,
simplemente,
quería comprobar si de verdad era tan bonita o era que se le había nublado la vida un momento.
No hizo falta que acabase la frase para que ya le estuviese dedicando mi sonrisa más sincera.
Y llamadlo impulso o no se qué pero me hicieron falta sólo tres paradas más para ver que esos perversos versos se habían transformado en unos perversos versos pre-beso. O por lo menos recé por ello un segundo y lo mejor que sabía.
Me gustaba ese modo de empezar el día: "hoy he besado a un desconocido en el metro".



Pasaron siete paradas,
otros dos días alternativos,
y no sé cuantos minutos para que empezase a traer consecuencias:
(y es que no existirá el amor a primera vista, pero la atracción a primer verso si.)
Y así  fue como el resultado fueron:
veintiún noches de poesía
y otras tantas de fusión; 
que provocaron
setenta y tres poemas,
demasiada ilusión,
estúpidas creencias en el amor,
noventa y ocho sueños



y una Única mentira.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Tan sólo quedo yo.

Aprovechaste que tenía el corazón patas arriba para violar todas y cada una de mis sonrisas,
fui el lobo de un cuento sin caperucita, o al menos intentaste que fuese así.
Fui la idiota que quería ver lo que no vio,
y se dejó el alma en aguantar la irritante realidad.
Creí que encontrarme contigo
era el único modo de no perderme,
hasta que descubrí que vivía acomodada en el laberinto.
Fingí ser valiente,
hasta que me miré en el espejo,
y me di cuenta de que no servía de nada engañar a nadie
- de todos modos la única que se lo creía era yo-.
Supe que esa noche te amaría,
con los ojos inundados,
pero no quise que fueses la víctima de mi tsunami,
hacerte ser el náufrago.
Me dí cuenta de que las manos que rompen
ya no saben encajar las piezas,
y menos hacerme funcionar.
Que ya nadie me sacará a bailar
al compás de las estrellas.
No trataremos de hacernos cualquier cosa,
que no sea daño;
ni veremos repetidamente la misma película trágica
deseando que cambie el final.

Y no lo haremos,
porque no cambiaremos ningún final
si jamás supimos arreglar el nuestro.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Rabia

Es la rabia
de querer a quien dice quererte,
y te quiso,
pero nunca os supisteis querer bien.
Es la rabia
de la mentira
tan sincera
que se queda patente escrita.
Es la rabia del tiempo aprovechado
que hace que ahora lo pierda.
Es la rabia
de que tus ojos me recuerden a mis  despobladas caderas,
y a tus sueños.
De que tus brazos solo griten calor.
Es la rabia
de que mi mente sólo sepa arañarnos.
Es la rabia
de tener el botón de 'destrucción' en frente
y no pulsarlo tras la tentación
para darme cuenta
de que tú
ya lo habías arrasado todo.