Y ella creía que el mundo debía estar cantando
porque se levantaba con unas ganas locas de bailar,
locas como las ganas de tenerte.
Estaba convencida de que hacía sol
porque todo iba a girar hoy
al ritmo de sus sonrisas.
Y parecería jodidamente guapa aquella mañana,
porque el sol iba a ser suficiente maquillaje para cubrir todas las imperfecciones de su vida,
así,
con la suavidad de una caricia.
lunes, 19 de octubre de 2015
Y ella, era yo; y el mundo, eras tú.
martes, 13 de octubre de 2015
EME
Y te lo digo hoy, igual que podría contártelo cualquier día, pero es que el 14 de octubre me parece aún más bonito verte sonreír.
Así que felices 19, caraculo.
Eres la única persona que consentí que me mintiera
cuando me respondiste sí al preguntarte por tu felicidad,
mientras que sabía que estaba dormida
- nada me hace más feliz que saber que ahora sí está en ti-.
Para quien guardo dos perdones,
y un sinfín de 'gracias'
que me parecen insultos a todo lo que haces.
Te he visto maquillarte con humor
los moratones que te estaba dejando la vida,
y acabar siendo el humor tu medicina;
pero, sin lugar a dudas,
eres lo más bonito cuando te maquillas por ti.
Que siempre has tenido razón al decir que la vida es maravillosa,
hasta cuando no lo decías convencida.
Te he visto deshecha
y reconstruirte con una fuerza más que admirable,
me has visto deshecha
y siempre has sabido como salvarme.
Has sido trampolín a mis sueños,
y has desmontado mis pesadillas.
Sigue,
por favor,
siempre sigue tratando de despertar conciencia al mundo,
y repartiendo tu corazón por la causa más justa.
Eres vida,
hermana
y amiga.
PD: desde la primera hasta la última arruguita.
jueves, 1 de octubre de 2015
Esta vez fue mejor no ver.
Si supieses cuántas veces he llorado antes de comprar flores.
Si supieses la de velas que he encendido porque me faltaba tu luz.
Si supieses el eco que ha retumbado en estas paredes cuando no era más que una caja vacía.
Si supieses la de veces que he temblado antes de acostumbrarme a este frío.
Si supieses cuántos abrazos he dado buscando tu calor.
Si supieses la de estrellas que he observado tratando de mirarte.
Si supieses cuántas veces sonreí antes de que pudiese ser cierto.
Si supieses que inventé historias preciosas que ahora son las más tristes que he escrito.
Si supieses que preferiría cualquier mentira a tu realidad.
Si supieses la de veces que me he mentido por salvarme.
Si supieses la envidia que he sentido, la rabia que me ha cegado.
Si supieses todo lo que supe antes si quiera de tener que conocer nada.
Si supieses que lo único que deseo es que nada te duela y aún así estoy escribiendo esto.
Si supiesen.
Si supieses la de velas que he encendido porque me faltaba tu luz.
Si supieses el eco que ha retumbado en estas paredes cuando no era más que una caja vacía.
Si supieses la de veces que he temblado antes de acostumbrarme a este frío.
Si supieses cuántos abrazos he dado buscando tu calor.
Si supieses la de estrellas que he observado tratando de mirarte.
Si supieses cuántas veces sonreí antes de que pudiese ser cierto.
Si supieses que inventé historias preciosas que ahora son las más tristes que he escrito.
Si supieses que preferiría cualquier mentira a tu realidad.
Si supieses la de veces que me he mentido por salvarme.
Si supieses la envidia que he sentido, la rabia que me ha cegado.
Si supieses todo lo que supe antes si quiera de tener que conocer nada.
Si supieses que lo único que deseo es que nada te duela y aún así estoy escribiendo esto.
Si supiesen.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Y
Y qué pasa si te enamoras de mi tristeza. Y si te acojonas ante lo bonita que te parece mi libertad y mi independencia y no sientes la necesidad de encadenarme. Y qué te parece reírte a carcajadas de mis agobios, y bautizas con un nombre bonito a mis inseguridades.
Y qué pasa si me llamas "mi loquesea" pero jamás te sientes mi dueño. Y si tu risa causa eco en mis heridas, y olvido que sangraban. Y qué te parece creer que hago magia y no tratar de averiguar jamás el truco.
Y qué pasa si le coges el gusto a aburrite conmigo. Y si nunca nos aburrimos. Y qué te parece si me enseñas otro modo de vivir.
Y qué pasa si me rompes la rutina. Y si me inspiras. Y qué te parece si nos reímos de todos los enamorados de Madrid, sin darnos cuenta de que llevamos horas dados de la mano.
Rompe mis límites si me encuentras.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Eres siempre tú
A veces me gusta imaginar que nada habría cambiado, que ayer nos hubiésemos ido a celebrar otro año más cumplido por el que no sonreirías de manera especial hasta que no nos invitases a algo para celebrarlo, contigo, siempre contigo.
Imagino tus ojos más cansados y tu sonrisa con más arrugas. De intentarlo.
De vez en cuando llego más lejos, y me imagino cómo me sonreirías ahora que soy como soy, ahora que he despertado.
No sé como explicarte que la niña llorica quedó atrás -aunque sigo sin saber pronunciarme sobre el dolor sin llorar-, o que mis manos ahora están frías desde que tú no me das las tuyas.
Ando con demasiadas pestañas y pocos sueños -una de las putadas de estos cuatro años es que me he dado cuenta que el cielo no se puede pedir-.
Supongo que ahora te escribo lo que no te sabía decir, lo que trataba de contarla a ella en todos y cada uno de mis diarios.
Sigo siendo un libro abierto, solo que he aprendido a esconder entre los renglones algunas historias que no tienen por qué ser reveladas.
Me sigue gustando la leche fría hasta en invierno pero nunca le echo azúcar, si te soy sincera solo me la tomaba cuando la echabas tú.
Sigo hablando hasta debajo del agua, no me callo mi opinión y pierdo el hilo de mis propios monólogos.
Aún miro el jardín sintiendo que falta algo, y conspiro conmigo misma para recordar las recetas que me enseñabas, pero no aprendí.
Echo en falta que a alguien se le llene la boca de mí porque inundaba su corazón.
Lo que hubiese dado porque lo hubieses deseado, porque fueses tú quien pidiese que te dijese lo mucho que te quiero, y no ser yo la que lo pida ahora.
¿Sabes? A veces nos divierte pensar cómo te pondrías y como nos mandarías callar si nos escuchases hablar de vez en cuando, como aquel día que fui al salón a contarte un chiste verde que ni entendía. Sigues haciéndome sonreír desde la montaña.
Supongo que te lo cuento porque la esperanza es lo último que se pierde, porque desearía pensar que te cuento algo que ya sabes.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
SOY
Soy del color de mis raíces,
una musa de bolsillo
con el anhelo de que traten de verme en edición coleccionista.
una musa de bolsillo
con el anhelo de que traten de verme en edición coleccionista.
No soy lo que me dicen por mis cumpleaños,
ni lo que trata de grabarme en la espalda tu dedo acusador.
ni lo que trata de grabarme en la espalda tu dedo acusador.
Soy las cenizas de lo que nunca he sido pero debí ser,
el paso de los años
el paso de los años
que me van dando forma de caos.
No soy juez,
pero siempre quise ser parte
de los pecados de los que confesarte
culpable,
pero no arrepentido.
de los pecados de los que confesarte
culpable,
pero no arrepentido.
Soy una mujer,
con risa de niña,
nervios de niña,
de sueños adultos
y de miedos ancianos.
con risa de niña,
nervios de niña,
de sueños adultos
y de miedos ancianos.
No soy el pétalo que te revienta el corazón con el sonido de un
'no te quiere'
Soy el tallo de esa flor,
que sujetaban tus manos repitiendo que no tenían nada,
¿Nada?
que sujetaban tus manos repitiendo que no tenían nada,
¿Nada?
Soy un intento de lo que quiero ser,
la voz que un día dejará de gritar,
y ahí será cuando empezarás a oírme.
No soy la que dispara
y, aún así,
la pólvora siempre acaba manchándome las manos
mientras tú tratas de disimular la pistola entre las tuyas.
Soy una armadura efímera,
un muro endeble,
y es que sigo hablando de amor con mi mayor enemigo
porque no soy capaz de declararle la guerra.
No soy la que busca un príncipe,
yo busco al dragón.
domingo, 6 de septiembre de 2015
Te lo prometo
Yo te lo prometo,
prometo ser el sonido molesto
en los días en los que el silencio duele.
Prometo gritar sin voz
cuando no sepas si quieres hablar
o simplemente tenerme a tu lado.
Prometo soltarme el pelo
y los complejos
cada vez que lo propio sea teñirse del color del amanecer.
prometo ser el sonido molesto
en los días en los que el silencio duele.
Prometo gritar sin voz
cuando no sepas si quieres hablar
o simplemente tenerme a tu lado.
Prometo soltarme el pelo
y los complejos
cada vez que lo propio sea teñirse del color del amanecer.
Prometo fidelidad a mi palabra
y palabra a mi felicidad
cuando los espejos reflejen el eco de tu risa.
Prometo echarle un serio a mis fantasmas,
y poner una bombilla en el armario
para que los monstruos no quieran salir a robar tu luz.
Te lo prometo.
Me lo prometo.
lunes, 10 de agosto de 2015
No hay caso abierto.
Ahora
Ahora es cuando doy gracias al dolor y me quedo corta, a la libertad que engañábamos tapándola los ojos y encerrándola en el armario, quitándole ese espacio a nuestros monstruos. Que corrían, que escapaban y se acababan posando en nuestros labios. Y aún con furia nos besábamos tratando de fingir que se quedaban húmedos de libertad, y era de nuestro dolor.
Ahora es cuando doy gracias al dolor y me quedo corta, a la libertad que engañábamos tapándola los ojos y encerrándola en el armario, quitándole ese espacio a nuestros monstruos. Que corrían, que escapaban y se acababan posando en nuestros labios. Y aún con furia nos besábamos tratando de fingir que se quedaban húmedos de libertad, y era de nuestro dolor.
Ahora
Ahora es cuando Felicidad sale de los bolsillos que creímos vacíos y vuelve a jugar con nuestras miradas y bailar con nuestras sonrisas. A enseñarnos que el vaso está vacío pero podemos pedirle otra copa al camarero, y su número ya que nos ponemos. Vuelve a parecer que algún día tendremos la posibilidad de tener arruguitas en la comisura de los labios de desgastarlos con Complicidad bailando sola, o acompañada, como guste.
Ahora es cuando Felicidad sale de los bolsillos que creímos vacíos y vuelve a jugar con nuestras miradas y bailar con nuestras sonrisas. A enseñarnos que el vaso está vacío pero podemos pedirle otra copa al camarero, y su número ya que nos ponemos. Vuelve a parecer que algún día tendremos la posibilidad de tener arruguitas en la comisura de los labios de desgastarlos con Complicidad bailando sola, o acompañada, como guste.
Ahora
Ahora es cuando creemos que el pasado se puede cerrar, ya no hay caso abierto, ya no hay ceniza en la que el fuego pueda volver a jugar, ya no hay futuro que queramos juntar, no hay miradas atrás, sino decisión en línea recta, aunque haremos excepciones con las curvas de alguna espalda sobre la que pueda uno sentirse trapecista, con la única seguridad de que ya no importa que pasará al caer, pues he aprendido a acomodarme en el suelo, desde que descubrí que es mi punto favorito para ver las estrellas.
Ahora es cuando creemos que el pasado se puede cerrar, ya no hay caso abierto, ya no hay ceniza en la que el fuego pueda volver a jugar, ya no hay futuro que queramos juntar, no hay miradas atrás, sino decisión en línea recta, aunque haremos excepciones con las curvas de alguna espalda sobre la que pueda uno sentirse trapecista, con la única seguridad de que ya no importa que pasará al caer, pues he aprendido a acomodarme en el suelo, desde que descubrí que es mi punto favorito para ver las estrellas.
Ahora
Ahora por fin abandonamos las estaciones de tren, el odio a las despedidas y el vértigo que nos producían las bienvenidas, la necesidad de mezclar el agua con aceite. Perdimos el pánico a que no lloviesen pianos, a que no viniesen a rescatarnos. Y descubrí que no hay nada como respirar por separado.
Ahora por fin abandonamos las estaciones de tren, el odio a las despedidas y el vértigo que nos producían las bienvenidas, la necesidad de mezclar el agua con aceite. Perdimos el pánico a que no lloviesen pianos, a que no viniesen a rescatarnos. Y descubrí que no hay nada como respirar por separado.
Cerrado, precintado y guardado.
martes, 30 de junio de 2015
Mi herida
Llevaba 14 años observando con mudo respeto ese salón que me parecía el museo de su vida. La puerta cerrada tras la que estaban los sillones de cuero contra las paredes blancas de gotelé y los muebles de madera acristalados a modo de vitrina que revelaban destellos de una vida que no era lo que fue.
La luz que entraba por el ventanal del fondo hacía parecer que estaba fuera de su casa, más oscura en el resto de las pequeñas habitaciones. Y, en cambio, la grande estaba reservada para esto, para el recuerdo, para el enaltecimiento de lo que pasó, para recordarse lo que ya no pasa, para contar en silencio la historia de lo expuesto, pero que nadie entiende. De un arte que aún nadie ha estudiado, de una forma de mirar que aún nadie comprende, de un amor sobre el que no se ha escrito suficiente.
La luz que entraba por el ventanal del fondo hacía parecer que estaba fuera de su casa, más oscura en el resto de las pequeñas habitaciones. Y, en cambio, la grande estaba reservada para esto, para el recuerdo, para el enaltecimiento de lo que pasó, para recordarse lo que ya no pasa, para contar en silencio la historia de lo expuesto, pero que nadie entiende. De un arte que aún nadie ha estudiado, de una forma de mirar que aún nadie comprende, de un amor sobre el que no se ha escrito suficiente.
Y así el eco de mis recuerdos crecía por los armarios, y la angustia era palpable en aquel salón, hasta que lo llenó dejándome a mí fuera de esa sala de exposición, perdida en una salida que era la entrada de mi dolor, pero no seguí esa puerta, caminé aparentemente perdida pero con la seguridad en los pies de quien ha crecido entre esas paredes en las que ahora apoyaba las manos, sintiendo que iba a caer si no lo hacía. Y abrí la primera puerta de la derecha, me dirigí a la ventana y subí las persianas, el polvo nublaba la visión de lo que se encontraba más allá, pero yo sabía lo era, era el césped con su ausencia, el calor sin su sombra, era la cuestión con la única solución perdida, era la vida apagada, mi herida.
jueves, 18 de junio de 2015
Sería por tus formas de llegar o por mis miedos de transporte; o por el hecho de que a sabiendas de que coser poesía en mi costado iba a doler yo siempre tenía a mano una aguja, o un imperdible que prometía que dejaríamos constancia de cualquier tontería. Así acabé llena de heridas, pero siempre dispuesta a hacerme otra encima.
Hasta ahora,
que las heridas cicatrizan, que de aquel fuego no quedan cenizas.
Hasta ahora,
que las heridas cicatrizan, que de aquel fuego no quedan cenizas.
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